Volví a leer. Había allí algo que me intrigaba y desazonaba, y no era la existencia de Dios; era lo otro: “Deja de preocuparte y disfruta la vida”.
Habituado a leer el evangelio con los ojos de los pobres, puede que empiece a no saber leer si no es con esos entrañables compañeros de mirada. Miré y leí aquel letrero con los ojos negros de África, con los ojos de sus millones de desplazados, de sus mujeres que mueren de la prostitución, de sus niños que mueren de hambre… Miré, leí, y pedí perdón por quienes conceden a Dios una posibilidad, y se niegan a ver la humanidad que sufre. ¿Será que para deshacerse de Dios hay que olvidarse de los pobres? ¿O será que para olvidarnos de los pobres necesitamos deshacernos de Dios?
+ Fr.Santiago Agrelo Martínez

